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PLATO TÍPICO COLOMBIANO: SANCOCHO DE TERRORISMO

Ingredientes de la receta:

1 Olla de plomo
1 Bulto de poder
3 Huevitos (confianza inversionista, seguridad democrática y seguridad social)
1 Taza grande de mermelada
8 Pizcas de fraude electoral
Fuerzas Paramilitares, cantidad al gusto
500 arrobas de Violencia
20 cc de Terrorismo en estado puro (preferiblemente cultivarlo)
1 Cascarón de Impunidad
276 Tazas de Masacres
1 Mano firme
1 Corazón grande
700 Toneladas de carne de cañón
Medios de comunicación sin madurar
1 Zanahoria

Preparación:

  1. El mes anterior a la preparación siembre su futuro mandatario, es necesario que no salga frío. Deje ensalzar en la olla con fusiones de narcotráfico y 250 arrobas de violencia hasta que huela a servidor de la patria. Puede agregarle experiencia como alcalde o gobernador en la ciudad eterna de la primavera. Agregar a la olla la cantidad necesaria de Fuerzas Paramilitares para conservar a su mandatario y someter al pueblo dentro de la misma olla, no queremos que vaya a cortarse por contar con la opinión pública.
  2. Mientras se está cocinando agregar medio bulto de poder y dejar conservar cuatro años en el Precipiente, es necesario que use 3 pizcas de fraude electoral para que su mandatario se desarrolle en la estrategia para sembrar su legado.
  3. Cuando haya conseguido la mano firme debe coserla a la piel, asegúrese de que esté bien dura, puede ser de piedra o mármol, la utilizará para echarle la culpa a los que van a quedar en la pega de la olla.

El corazón grande no lo vaya a colocar dentro de su pecho pues puede calentarle la sangre y agriar el poder agregado, escasamente muéstrele el corazón para que se haga una idea del significado de la palabra y entiérrelo junto a una de las varias caletas de reconocido narcotraficante de talla Mundial. Buscará el corazón cuando lo necesite.

  1. Licuar aparte todo el frasco de mermelada y los tres huevitos. Apague la olla y saque al mandatario, debe dejarlo enfriar para que la movilidad libre del brazo derecho le ayude a dar peso a los discursos, será convincente hasta para los más fervientes creyentes. Remojar en la melcocha licuada, métalo hasta el fondo y deje conservar hasta que pueda hablar libremente de la seguridad social y democrática a punta de plomo.
  2. Agarre los medios de comunicación sin madurar y pélelos, a este punto su cabecilla patriota ya debe estar segregando mucosa de Terrorismo y censura, cole la mucosidad. Esparcir sobre los medios de comunicación hasta que queden amarillos y agregarlos a la olla del sancocho a temperatura media.
  3. En la olla de plomo queda el sudor de su mandatario, sacar cuidadosamente con una cuchara, deje enfriar al clima, sin importar que la temperatura aún sea alta por las afecciones climáticas. Cuando esté al clima indicado busque una espátula para remover a los seguidores de su fiel mandatario, cuando oiga gritar frases como “Lo que es con mi presidente es conmigo”, “Plomo es lo que hay, plomo es lo que queda” Y cosas por el estilo puede sacarlos a sesear la salsa de veneno.

Luego de agregar el otro medio bulto de poder deje que su absolutista dirigente se le salga de las manos por un largo rato, esto para probar la eficacia del cascarón de impunidad dentro del sancocho ya espeso. También deje que rompa platos, vajillas, olletas, cucharas, refractarias, falsos testigos, muertos en guerra y los falsos positivos necesarios para que se desgarre la carne de cañón. A esta temperatura agregue una rodaja de zanahoria para absorber la grasa maligna para la salud  (puede agregar toda la zanahoria).

  1. Cuando esté hervido apanarlo con más poder, al macarrón que queda puede ponerle ojos y boca, este será el juguete de su presidente, no importa mucho el cerebro, con tal que pueda repetir las palabras de su titiritero bastará. Agregue las pizcas de fraude electoral que quedan, si quiere vaya y compré más. Justo después debe servir el plato a 300 grados con la salsa de veneno, esta temperatura le recordará a su mandatario el infierno de donde vino. Finalmente coma callado y sin soplar.

Por: Sara Julieth Chingaté

 

 

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