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No quiero tus flores

¿Así que creíste que con esas flores arreglarías todo? Sólo porque te las cobraron más caro, no tienes por qué pensar que soy tan barata. Allá tú, si formas parte del sistema capitalista y no entiendes que el negocio lo hacen contigo, por eso te salieron más costosas. No tengo porque sonreírte, te agradezco por cortesía. Pero no soy tu banal, costoso y agradable florero para depositar las flores de tu cariño, mientras llevas siete mil años abusando de tu fuerza.

No permitiste que coexistiéramos, sabías de mi ternura, te aprovechaste de mi inteligencia y de mi cariño. Entonces valió tu virilidad, más que mi vientre y mi esperanza. Como si el que viniera no fuese también hijo tuyo. Pero a mí sí me dolió tenerte, el cuerpo se me partió en dos después de que mi columna se había torcido por dentro, me quedó la piel ajada, las tetas caídas y el cuerpo averiado, mientras tu crecías y ensayabas la forma en que repetirías la historia. Detrás de tu corbata, tu peinado a la moda, tu camisa fina y tus zapatos embolados eres aún un mono, que no ha permitido que evolucionemos. Por eso has convertido este paraíso en un lodazal de muerte y miseria. Has condenado a tus propios hijos a la desgracia. Al abandono ¿Y crees que con flores costosas lo resolverás todo?

Han pasado imperios y hasta revoluciones en donde hablando de igualdad has sometido naciones. No has podido en estos siete mil años conseguir la equidad con tus congéneres ¿de veras crees que podrás conseguirla conmigo? A pesar de que siempre te he acompañado en todos tus tropeles, hasta me ha tocado hacer tus deberes cuando juegas a la guerra (esa que te da el poder porque el mundo se decide con la fuerza). Encima se te llena la boca diciendo que derramas sangre por mi libertad, por la democracia en donde yo no participo, en donde yo no existo. Me pusiste en la escala de abajo. Cuando pude gobernar tuve que someterme a ti, cuando no te gustó me desapareciste, me derrocaste y me humillaste. Por eso no quiero oír más cuentos divinos donde mi placer es pecado sólo para que puedas justificar tu abuso. No más. No más flores que se mueren con orgasmos.

No negarás más la existencia de mi placer femenino, no más pecado en el deseo, no más alambre de púas a mi pensamiento y a mi derecho a la igualdad. Queremos que entregues el poder ya. No fuiste capaz de preservar la vida. Sí, has construido un par de cosas, es lo menos que puedes hacer, y más con tanto tiempo libre, pero te ha faltado actitud para coexistir. Sería mejor convivir con lo que tenemos que no sobrevivir pensando en llegar a la luna con una escalera de cadáveres. Cada día muero 137 veces, todo comienza con una “flor”, después es una falda corta o un jean apretado, porque estaba mamasita o ahí al lado, porque no hablé como querías, porque la sopa estaba muy fría, porque como tú haces siempre, yo también me he desenamorado.

Hoy que te recuerdo una de tus tantas masacres, te exijo que entregues el poder, no fuiste capaz, es hora de reconocerlo. Ten al menos la dignidad para asumir tus errores y ayúdame a reparar el daño. No intentes arreglarlo, cada vez que lo haces empeoras más las cosas. Mejor quédate quieto un momento, mientras los dos nos tranquilizamos. Comprende que ya no estoy para recibir tus flores, entiende que ya no me desvivo por tus promesas. Escúchate un poco, balbuceas incoherencias. Mejor atiéndeme de una buena vez por todas. Me harté de tus manipulaciones. Si en verdad quieres verme sonreír, escúchame. Abre el camino o déjalo libre. Yo sí quiero caminar contigo, pero no detrás de ti, tampoco adelante, debo ir al lado y decidir ahora para dónde vamos. Escucha, por favor, escucha: no quiero tus flores.

Josefina Arias

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