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Arte: entretenimiento o potencia empresarial, social y cultural

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Por: Nicoll Leal R.

“En la historia oficial de este tiempo aparecerán estadísticas, índices de producción macroeconómicos, muchas impunidades maquilladas y algunos próceres de baba incontinente. Sólo el teatro hablará del hombre opaco que sufrió la lejanía y la gangrena muda del destierro, lejos de un país hermoso y triste, que todavía no sé si de verdad existe”.

JORGE DÍAZ

La anterior apreciación de Jorge Díaz me llevó a cuestionarme sobre la posición del actor como agente promotor de cultura y como agente económico. A decir verdad, podría hablar con hermosas palabras acerca de todo lo que evoca en mí el hecho de pertenecer a ese segmento de la población colombiana que le interesa el arte y que lo valora reconociendo el esfuerzo, conocimiento y preparación previa de sus expositores para la generación de productos con un propósito más que la simple diversión o distracción, como lo hace la artesanía a través de programas de televisión dirigidos a las masas en los cuales no se requiere mayor conocimiento, destreza, o capacitación para ser uno de sus exponentes. Sin embargo, mi interés es mostrar a través de cifras y consideraciones relevantes por qué se debe proteger y tratar al artista como un propulsor de arte, cultura y desarrollo social.

En la actualidad diferentes organismos de influencia internacional han dedicado tiempo y esfuerzo para encontrar evidencia que reafirme la hipótesis: “en el mundo interconectado en el que vivimos, es fácil constatar que la cultura tiene el poder de transformar las sociedades volviéndose un pilar para su desarrollo”. La UNESCO ha dedicado esfuerzos a resaltar que el arte en sus diversas manifestaciones, desde los más preciados monumentos históricos y museos hasta los ritos tradicionales y el arte contemporáneo, enriquecen nuestro día a día de múltiples maneras. Resalta la importancia del patrimonio como una seña de identidad y el arte como un elemento que favorece la cohesión de las comunidades que no asimilan bien los cambios rápidos o que sufren el impacto de las crisis. Es ahí donde se reconoce la creatividad como detonante en la edificación de sociedades abiertas, inclusivas y pluralistas. Vinculando de esta forma el patrimonio y la creatividad para la generación de arte que lleven a la construcción de sociedades con conocimiento, dinámicas innovadoras y prósperas. (UNESCO, 2019)

El Departamento Administrativo Nacional de Estadísticas (DANE) estima que las industrias creativas del país generan casi un millón de empleos directos e indirectos y representan el 3,4 % del PIB colombiano, superando a otros sectores.  En el 2011 la cifra era equivalente a la contribución que hacía la industria del suministro de electricidad, gas y agua. Además, de acuerdo al Plan Nacional de cultura, la meta para 2022 es que el cine, la literatura, las artes visuales, el turismo cultural y el desarrollo de software, aporten cerca del 6% del PIB.

De acuerdo al Ministerio de Cultura, la radio y la televisión son las que más suman a la cifra de cultura, seguidas del negocio editorial (libros, revistas y prensa), la publicidad, los conciertos y ferias, el arte y el diseño y, en menor medida, el cine y otras actividades culturales. No obstante, aunque pequeño, el crecimiento del cine ha sido significativo; esto se puede ver trazando una línea de tiempo y comparando el número de estrenos de películas colombianas. Mientras que en 1999 se estrenaron tres películas, en el 2009 fueron 12 y en el 2018 fueron 40 películas nacionales. Esto muestra el dinamismo y empeño que hay en este sector.

Lo lamentable es ver que pese a todas estas cifras, manifiestos y discursos bonitos la realidad es otra, en la actualidad Colombia al parecer no considera el arte como ese propulsor para la economía que muestran las cifras. Por ejemplo, muchas de esas películas han sido financiadas con recursos propios, préstamos y patrocinadores ajenos al gobierno.  Si hablamos de ser actor, en Colombia en muchos casos es una profesión desagradecida, un supuesto “oficio aficionado”, en el cual la vida del actor es casi tan corta como la de un futbolista. Los actores no cuentan con estabilidad y seguridad económica ya que se enfrentan a un mercado laboral muy incierto y a la ausencia del apoyo gubernamental al talento nacional.  Desde el año 2000 se ha creado una y otra vez un Plan nacional de cultura que lastimosamente no ha tenido un impacto real. Esa falta de interés por parte del gobierno al brindar garantías ha tenido consecuencias negativas sobre la cultura formada a través del arte que deberíamos tener, esto se manifiesta en las distorsiones que existen en la sociedad al momento de escoger una carrera artística, la deserción, falta de valoración y profesionalización del arte, lo que lleva a un pésimo insumo de cultura con poco criterio que no podrá llegar a la conexión deseada entre arte, cultura y desarrollo.

Generar garantías promoviendo el arte es posible, para no ir muy lejos tenemos el avance que han tenido otros países latinoamericanos como Uruguay, que llevó a cabo la redacción y ejecución de leyes que desde 2009 brindan seguridad social a músicos, actores, bailarines y técnicos de oficios conexos (vestuaristas, sonidistas, representantes, productores, iluminadores, entre otros). Creó el Registro Nacional de Artistas y Actividades Conexas en el Ministerio de Trabajo y Seguridad Social, donde una comisión certificadora está encargada de aprobar el ingreso de aquellos que quieren ser amparados por esta norma. A partir de su promulgación, los artistas inscritos pueden realizar sus aportes de forma tal que se consideren los tiempos de ensayo como jornales trabajados. En Argentina este tipo de leyes además incluyen a los trabajadores en el régimen previsional, por lo que se les realizan descuentos a sus remuneraciones, hacen parte del Sistema Integrado Previsional Argentino (SIPA), por lo que llegado el momento podrán acceder a una jubilación.

Otro ejemplo es Italia, que fomenta la educación y el arte a través de diferentes estrategias, una de las más llamativas es el “bonus cultura” que permite gastar un bono de 500 euros a los jóvenes nacidos entre 1999 y 2001 (actualizado a 2018), gastar en comprar libros, discos, música digital, entrar a conciertos, ir al cine, al teatro o visitar sitios arqueológicos de importancia histórica. El bono cultura permite incluso pagar cursos de música. El efecto de este tipo de iniciativas es positivo porque no solo se encargan de crearlas sino también de hacer que llegue la información sobre su existencia.

Por el contrario, en Colombia las iniciativas por parte del Ministerio de cultura muchas veces son opacadas porque están más interesados en darle foco a otro tipo de noticias. La falta de políticas que favorecen el arte y la cultura hacen que el arte sea derogado.

Finalmente, mi objetivo no es solo hacer una queja sino también resaltar las grandes posibilidades que hay para los artistas, considerando que el conocimiento es poder, debo resaltar la  iniciativa que tiene la UNESCO, que organizó la primera reunión del Banco de Expertos UE (UNIÓN EUROPEA)/UNESCO en Bangkok, Tailandia, del 12 al 14 de febrero de 2019, para hablar sobre estrategias globales que apoyen la generación de sectores creativos, fuertes y dinámicos en los países en desarrollo a través de la cultura. “Este Banco, renovado recientemente para el período 2019-2022, incluye 42 expertos internacionales con experiencia reconocida en los campos relacionados con las industrias creativas, la cultura empresarial, las políticas culturales, las estadísticas e indicadores culturales, lo digital, la libertad artística, la diversidad de los medios de comunicación, el comercio, la condición del artista, la igualdad de género y los derechos de propiedad intelectual”. Es en este tipo de políticas y sugerencias de carácter transversal que generan soluciones a largo plazo, tenemos que fijar nuestra atención en aquellas que brindan garantías permanentes a este sector económico para que el gobierno central no solo se quede en promoción de créditos que, aunque útiles, muchas veces son una fuente de corrupción y de desvío de recursos que nunca llegan a los principales interesados, los artistas.

 

 

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