El virus de la cárcel

Sobre la situación carcelaria en el país

Por: Nicolás Sánchez

Lo que nos dice el mundo es que las cárceles son para rehabilitar a las personas para que dejen de hacer sus males, pero ¿esto realmente es así? Sabiendo bien que la mayoría de los crímenes (extorsión, secuestro, etc.) son planeados desde adentro de estas instituciones.

La extorsión desde las cárceles, por ejemplo, es una realidad y puede tomar como víctima a cualquiera, sea una empresa a un ciudadano del común. La La verdadera pregunta es: ¿cuántos inocentes están reclusos en estos laberintos de cemento, sufriendo abusos día y noche sin haber cometido algún crimen?

Por ejemplo, el caso de Adolfo Gutiérrez Malaver, quien fue detenido una mañana sin haber cometido un delito. El 25 de octubre de 2002, lo hicieron pasar como guerrillero y lo torturaron durante 5 días antes de entregarlo a la SIJIN. También tenemos el caso de Ariel Josué Martínez, el carpintero del pueblo, quien de un momento a otro resultó en el pabellón de extraditables de la cárcel La Picota, señalado de ser un poderoso capo que lavaba dinero.

Podríamos estar horas y horas hablando de miles de casos de personas de escasos recursos, que han sido condenadas por crímenes que ni ellos mismos conocían. Según la revista Semana: «Actualmente hay alrededor de 115.000 personas detenidas en las prisiones colombianas. De estas aproximadamente el 94% son hombres y el 6% mujeres, el 70% son condenados, mientras que el 30% restante son sindicados. El 35% de los sindicados del país, quienes son inocentes hasta que se demuestre lo contrario, llevan más de un año presos, y el 15% más de dos años. El 45% de los condenados pasan entre 1 y 5 años tras las rejas, el 39% entre 6 y 20 años, y el 16% restante más de 20 años».

Con el agravante de que estar privado de la libertad en una cárcel colombiana, en la inmensa mayoría de los casos, constituye una experiencia dolorosa e inhumana. Bajo estas condiciones, el poder de resocializar del Estado pierde toda legitimidad. Y sin embargo el gobierno actual como sus antecesores, parece atrapado por una lógica que pretende darnos más de lo mismo: nuevas prisiones y penas más largas. Gastando más dinero y más recursos, sabiendo bien que las cárceles no solucionan el problema de la delincuencia, por el contrario, lo incrementan.

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