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El Metro de Peñalosa, el próximo dolor de cabeza de los bogotanos?

Por: gdmolano

Partamos de la base de que el Metro que esta emprendiendo Peñalosa NO sustituye a TransMilenio como sistema troncal. Esa es la semilla del desastre que se esta planteando y que tiene la irreflexiva «bendición» del gobierno nacional. Técnicamente el proyecto planteado a la brava por el gerente de gerentes, aun considera que TransMilenio debe permanecer a futuro como columna vertebral y el Metro como un sistema subsidiario, contra todo criterio técnico. La razón es simple; este gran experimento social de movilidad urbana fracaso técnicamente en uno de sus paradigmas de venta mas fuerte: los buses pueden sustituir exitosamente un sistema férreo pesado. Bogotá es la demostración de que NO es así.

Como el fracaso es difícil asumirlo y mas aun con todos los intereses creados, el proyecto Metro de Bogotá no esta planteado como una solución de movilidad, sino como un salvavidas a la metodología BRT y como una oportunidad de pillaje. De ahí se desprenden, la improvisación, la corrupción y nuevos problemas generados con un proyecto a todas luces improvisado. Por donde comenzamos?

La financiación correcta para el proyecto incorrecto.

Probablemente mucho político ingenuo (o mañoso) pasa de manera solapada este detalle, sin detenerse en la minucia técnico-financiera. Si el Metro subterráneo alcanzo la aprobación financiera de manera relativamente transparente NO fue por capricho, sino por elaboración. Parecería inocuo y hasta en opinión de algunos seria bienintencionado usar la financiación de un proyecto que si estaba bien sustentado, para uno que no lo esta. La realidad de la contratación estatal en Colombia es otra. Proyecto SIN sustentación técnica, proyecto con riesgos de sobre-costos y corrupción latente. Sobra enumerar los descalabros financieros a cargo del presupuesto nacional (REFICAR, Metro de Medellín, etc.), todos con los mismos elementos en común: contrato sin especificación técnica definida y sin condicionamiento financiero estipulado.

El Metro planteado por Peñalosa cumple al dedillo con estas condiciones. Se esta licitando a ciegas, a estas alturas de la vida, no se sabe a ciencia cierta lo que va a costar, porque físicamente no se tiene la información técnica para valorarlo. Lo que sigue en este cuento es historia patria de la corrupción …

A papaya puesta, presupuesto partido.

Como esta claro que el desarrollo del proyecto esta casi que al libre albedrío del contratista y las condiciones de diseño y construcción están por determinar, así como su incidencia económica en la ciudad, se abre un festín de posibilidades. Para el contratista, aun y cuando su intención NO fuese expoliar el presupuesto publico deliberadamente, el hecho de no contar con parámetros de cumplimento de contrato basados en diseños y costos definidos previamente, le da margen para improvisar a costa de los bogotanos. Ahora si el contratista es corrupto, esta en llave con políticos corruptos y ademas la licitación esta basada en un contratico de mentiras con mucho margen de maniobra, el limite del robo lo pone lo que aguante el presupuesto de los bogotanos.

Las consecuencias económicas mas allá del proyecto.

Amen de abrir un agujero negro en las finanzas de la ciudad con un proyecto mal planteado, que puede convertirse en dolor de cabeza para al menos las próximas 3 alcaldías sin importar su inclinación ideológica. Podría mermar la capacidad de inversión del Distrito en otras necesidades como salud, educación, seguridad, cultura y tantas otras cosas que también son prioridad para la ciudad.

El Metro elevado planteado NO solo es un monumental esperpento urbanístico. También tiene todos los ingredientes para convertirse en una pesadilla social y económica, para todos los que NO salen beneficiados directamente del proyecto. En un escenario de construcción, sin demoras, ni corrupción tal cual como esta planteando, podría afectar directamente al menos 3 localidades de manera permanentemente y no para bien. Si bien hay proyectos de renovación urbana planteados estos NUNCA han sido socializados con las comunidades afectadas, la poca «socializacion» se ha realizado casi que a escondidas unicamente con el entorno político y económico del alcalde, como un piñata inmobiliaria donde el Distrito cumple el papel de barrer con los vecinos de las estaciones y un combo de oportunistas inmobiliarios se queda con la ganancia. Los favores económicos son completos con esta administración!

El remate …

Ese es el talante del proyecto que se esta planteando. Como la ciudad de Bogotá no le ha puesto punto final a las andanzas del alcalde y su influencia. Peñalosa y todo lo que lo rodea, no solo trunca la posibilidad de tener un medio de transporte publico digno, realmente útil y escalable, sino que ademas se suman nuevas problemáticas al problema original de movilidad y gobernanza miope.

En la campaña política que esta por comenzar esta claro que hay posiciones bien definidas sobre el tema:

Las hay que sustentan el proyecto sin una sola objeción porque claramente se inscriben en la controvertida visión de ciudad del alcalde saliente, sin reparar en el rechazo generalizado por esa visión planteada por esta administración y todo lo que comprende. Este ya es un tema que sobrepasa ideologías. La motivación política varia entre una desconexion total con el sentir de los bogotanos y el mas puro interés económico.

Están las posiciones de media tinta, tibias por no decir hipócritas. Consientes de la posibilidad real de que el proyecto quede en firme, «creen» y le hacen creer a la ciudadanía que darle continuidad a un proceso improvisado y a todas luces corrupto, se puede enmendar por el camino. En el historial de licitaciones corruptas de Colombia no existe tal experiencia de «renegociacion», porque los contratos de licitación corruptos usualmente dejan maniatado al Estado. Hay que decirlo, es un ENGAÑO hablar de construir sobre lo construido, cuando las bases del proyecto licitado no solucionan el problema para el cual esta planteado, sino que traen problemas nuevos. La motivación para esta actitud es una completa incógnita, porque aunque quienes asumen esta posición tienen conocimiento enciclopédico de las consecuencias de la corrupción y en teoría son reconocidos por asumir públicamente posiciones contra ella, pareciera que están cómodos con ciertos tipos de corrupción.

Y están las posiciones claras sobre el rechazo al proyecto de Metro elevado. Los principales medios de comunicacion NO han tenido la claridad en hacer la distinción entre la inconveniencia técnica y financiera para la ciudad y el tema político. Haciendo creer que el rechazo al proyecto es una jugada revanchista de tipo político cuando las objeciones planteadas claramente están basadas en hacer una administración publica, minimamente responsable con la ciudad.

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