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El Arte del buen vendedor

Por: Sebastián Landinez

La Universidad Nacional y la Universidad Distrital sede Macarena fueron los lugares donde empecé a probar finura como vendedor informal. Allí pude adquirir experiencia como observador de la vida y como un agregado del estudiantado, entre los años 2014 – 2018; Además, resalto que también recorrí las zonas de tolerancia de la Pontificia Universidad Javeriana, la Universidad del Externado, la Universidad Jorge Tadeo Lozano y parques aledaños a estas como el parque Nacional y el Bicentenario. El rebusque durante todos esos 4 años similares a un periodo presidencial donde se gana y se pierde pero que al final todo suma, estos me bastaron para darme cuenta en la diversidad de las personas, que al final no hay garantías y que nada es regalado; y que es complicado lograr oportunidades de estudio y trabajo estables dentro de una universidad pública.

La Universidad Nacional y la Universidad Distrital sede Macarena fueron los lugares donde empecé a probar finura como vendedor informal. Allí pude adquirir experiencia como observador de la vida y como un agregado del estudiantado, entre los años 2014 – 2018; Además, resalto que también recorrí las zonas de tolerancia de la Pontificia Universidad Javeriana, la Universidad del Externado, la Universidad Jorge Tadeo Lozano y parques aledaños a estas como el parque Nacional y el Bicentenario. El rebusque durante todos esos 4 años similares a un periodo presidencial donde se gana y se pierde pero que al final todo suma, estos me bastaron para darme cuenta en la diversidad de las personas, que al final no hay garantías y que nada es regalado; y que es complicado lograr oportunidades de estudio y trabajo estables dentro de una universidad pública.

La primerísima: la UNAL, brinda al estudiante garantías para ubicarse en algún cargo como: archivador en alguna de sus bibliotecas, auxiliar encargado de la movilidad dentro de la universidad dada la extensión del campus, asistiendo a maestros o dando tutorías de manera temporal, en fin. Lo anterior sujeto a medidas de promedio que, si no se cumplen, restringen al estudiante de poder acceder a estas opciones; pero nadie sabe con la sed que el otro vive; otra alternativa que le quedan a los estudiantes para sobrevivir es: sustentar por medio de una carta la condición precaria por la que esté pasando, contando con la suerte que le aprueben dicho beneficio, y si no, como consecuencia puede aplicar al subsidio de bono alimenticio o auxilio de transporte como consuelo, si sobrevives en la UNAL sobrevives en cualquier universidad del mundo.

Otros estudiantes a manera de subsistir ya que no cumplen con las condiciones que dictamina la decanatura ponen una “chaza” o “chazas”, que son una especie de puesto de mercado al aire libre distribuidas en distintos puntos de la ciudadela; con la idea de autogestión por parte del estudiante que a mi manera de ver se cumple hasta cierto punto, ya que las autonomías académicas se van perdiendo debido a la pronta desorganización de las mismas; desde entonces esto ha sido un lio para los altos mandos de la universidad y un caballito de batalla para los estudiantes.

Mientras me dedicaba a vender mis sánduches de manera ambulante dentro de la Nacho, muchas veces me vi en situaciones de opresión debido a las zancadillas de parte de los administrativos porque junto con otros estudiantes que también se dedicaban a las ventas, nos volvimos como una mugre que había que esconder debajo de la alfombra cada vez que iba a venir una visita, algo indignante a mi parecer. También como a de esperarse surgieron unas mafias de “chaceros” que arrendaban el espacio, el pedacito, sobre esto la información es limitada pero más que esto censurada por gente que ni siquiera es de la universidad.

Los controles a los que son sometidos la Asociación de Chaceros son absurdos, por ejemplo, poner cadenas con candado en la puerta por donde ingresan la mercancía y donde a diario se rompe con una pinza y la universidad la repone al día siguiente o el seguimiento de parte de la DVS que es la gente de vigilancia y seguridad que se toman atribuciones tomando fotos a los estudiantes chaceros, muchos de ellos silenciados de manera permanente. Se dice que son paracos, controlan el negocio de manera insospechada y que como el innombrable buscan privatizar la educación porque eso sí, si en la universidad pasan cosas los estudiantes respiran hondo y siguen adelante sin hacer nada al respecto, es como luchar contra una pared, algo

A pesar de todos los impedimentos y obstáculos que se me presentaron en el camino de ser el vendedor ejemplar, sin dudarlo me las arreglé y me metí de cabeza en esta dinámica socio- económica y gracias a mis compañeros en el camino nos logramos instalar con la herramienta que, como le diría Laura en América: un “carrito sanguchero” bien montado, que ya venía con kilometraje desde mis inicios como caballero comerciante. Nos ubicamos en la zona de comidas de la Plaza “Che” frente a la “playita” para atender el público flotante, a todos los estudiantes hambrientos en búsqueda de buena comida aquí nos encontramos con la competencia entre las chazas de comidas perecederas la cual represento en mi caso y las de paquetes, estos últimos por un momento la tenían ganada hasta que llegaron las máquinas dispensadoras, una guerra donde jugar sucio se vale. Hasta aquí el resultado de un arduo trabajo y voluntad de hierro que tenía como único objetivo seguir un sueño en común, co-crear arte.

Tener este carrito en la Nacional me permitió tener una óptica más amplia sobre el mundo de las ventas y todo lo que esto implica. Aprendí a llegarle a la gente por medio de una dialéctica y capacidad de persuasión bien elaborada. Decidí que mi sándwich tendría el plus que ningún otro tendría y de esta forma lo vendí con mucha actitud, la gente te recuerda por la primera y la última impresión que les generaste: “En breve les vengo a ofrecer el mejor sándwich del planeta creado por el hombre único en su especie, Subway queda en pañales. Con verduras seleccionas y cortadas con bellas blancas limpias manos, Tiene tomate, pepino, lechuga finamente cortados, cebolla, pimentón y zucchini salteados en salsa soya, finas hierbas, sal-pimienta, cilantro-perejil como condimento, la salsa que acompaña es una salsa secreta de la casa a base de albahaca. Además, puedes elegir si quieres vegetariano o carnívoro. Y eso no es todo, el sándwich viene acompañado del té helado de dioses, una bebida refrescante que contiene anís, hojas aromáticas. Pero eso tampoco es todo, te obsequiamos un dulce más conocido como “mariguanita” dada su forma y presentación, ese dulce de la infancia que también le hace alusión al nombre del sándwich, SANWEED una verdadera fiesta en tu boca y si no te gusta, no lo pagas”. Y definitivamente la gente se volvió adicta al producto, empecé a centrarme en el público joven y estudiar el paladar de cada uno, el mismo negocio le va enseñando a uno por medio de prueba y error. Poco a poco tuve un reconocimiento con el producto y logré ampliar el servicio ofreciendo mi marca como servicio de catering para los estudiantes de medios audiovisuales y para distintos eventos en los teatros de Bogotá. Ahora empiezo un nuevo camino como estudiante de artes escénicas, pero en mi mochila me acompañan mis sándwiches donde quiera que vaya.

Dentro del campo de las artes escénicas, este arte de las ventas me ha regalado muchas oportunidades. Pertenezco a un grupo de teatro hace 4 años y ahora se me empieza a dar muy bien la parte de la gestión y circulación de las obras que presentamos. Teniendo en cuenta que la gestión de público a nivel del teatro es difícil, surge una ventaja en mis capacidades como vendedor y hago uso de ellas para despertar el interés en las personas y que vayan a ver teatro: “La mejor obra del planeta, si no te gusta invita a tus enemigos”. Por otro lado, en lo que respecta ser su propio jefe tiene sus ventajas: inyectar la energía que rige un producto porque el ingrediente más especial es el amor y acceder a cada persona directamente al corazón de esta manera siento que estoy cumpliendo con mi estancia en este plano y nunca imaginé que este proyecto podría conectar tan profundo con las personas y más de miles de sándwiches vendidos lo confirman. Venderles un producto a las personas me ha permitido conocerlas, cuáles son sus dolencias, sus alegrías, sus gestos, sus comportamientos, etc. no hay nada más gratificante para mi proceso como actor que llenarme de tantas experiencias cotidianas que nos identifican como una cultura.

Para terminar esta especial e íntima historia entre la magia y la realidad, es importante para mi vida saber qué es lo que me acompaña ahora. Con la misma practica me di cuenta cómo era la situación de vender “maneado”, qué servía y qué no. Vender en la calle es un acto de valentía y superé muchas barreras que principalmente me imponía la sociedad. Ahora no vendo en la calle porque de algún otro modo tengo más confianza en mis habilidades y me proyecto cada vez más a lo grande. Me puse a mirar por qué vendo tanto y concluyo que tiene mucho que ver con lo que uno proyecta, su postura corporal, su modo de hablar, su carisma, el modo de vestir, pero sobre todo es creer en uno mismo. Vender es importante porque si quieres conquistar elige venderte y un buen vendedor vende estados de ánimo.

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