¡Fue mi escuela la calle, la calle mi escuela!

Por: Harold Frandiney Toro García

El Hip-Hop como herramienta pedagógica ha tenido una gran acogida en los procesos comunitarios de Bogotá, especialmente en la localidad de Kennedy, que se ha convertido en un referente artístico de esta cultura en la ciudad. Esto se debe a la labor de diversos colectivos, como El Círculo Hip Hop, que promueven el desarrollo artístico de habitantes de barrios populares interesados en sus manifestaciones.

Fotografía tomada de la pagina web de El Círculo Hip Hop

Dicha labor pudo observarse durante los talleres realizados por El Círculo, donde se profundizó en las cuatro ramas del hip-hop (rap, graffiti, DJ y breaking) junto a una comunidad diversa, tanto en edad —eran espacios aptos para todo público— como en procedencia, ya que muchos participantes llegaban de otras localidades e incluso de fuera de la ciudad. En estos talleres, artistas de la cultura compartieron su conocimiento en cada disciplina: DJ Avil, en tornamesa y scratch; Metro, en graffiti; Hanna Hasen, en rap; y Dylor, junto a otros bailarines, en breaking y movimiento corporal.

«Los hiphopers se educan entre sí,
construyen sentidos de la realidad y orientaciones de la acción a través de sus interacciones
cotidianas».

María silva (2016).

Esto deja en claro que dentro de la cultura Hip-Hop se desarrollan procesos pedagógicos constantes entre sus integrantes, ya que, al aprender en su cotidianidad y compartir estas experiencias, las personas establecen relaciones horizontales donde todo conocimiento es útil para el otro y puede retroalimentarse con las vivencias individuales. Así, no se generan relaciones jerárquicas —donde el maestro es el portador único del saber y los alumnos, meros receptáculos—, sino que todos participan activamente en la labor educativa.

Un ejemplo de ello fueron los talleres de grafiti impartidos por Metro, donde artistas con mayor
experiencia contribuyeron con su conocimiento a los menos experimentados mediante
anécdotas, sugerencias, consejos y explicaciones sobre color, uso del aerosol, perspectiva o
punto de fuga, entre otros aspectos de la práctica plástica del grafiti

Fotografía tomada de la pagina web de El Círculo Hip Hop

Esta experiencia nos permite entrever cómo el Hip-Hop desarrolla la creatividad y el pensamiento crítico en la población, buscando la emancipación de las clases populares a través del arte. Este se convierte en un puente para expresar malestares sociales, económicos y políticos, fortaleciendo la participación mediante la protesta pacífica (López & Muñoz, 2020).

Aunque la cultura Hip-Hop no se inscribe en la cotidianidad como un enfoque pedagógico formal, es necesario recapitular cómo, a lo largo de su historia, ha sido un mecanismo de aprendizaje para la población joven que busca transformar su entorno desde sus propios contextos. Por ejemplo, mediante el breaking, muchos jóvenes han aprendido un lenguaje artístico a través de un baile que combina movimientos y acrobacias para transmitir un mensaje. Esta danza se ha nutrido de diversos estilos —como la capoeira, las artes marciales o el soul— para consolidar su aprendizaje e incorporar creatividad al movimiento.

El breaking puede practicarse desde edades tempranas, como se evidenció en el cierre de
actividades de El Círculo, donde grupos de niños tuvieron sus primeros duelos en la pista,
desplegando estilo y destreza, ansiosos por retar a su oponente. Estos retos, al terminar la
música, se sellan con un choque de manos y un abrazo como señal de respeto, tal como
mencionan Rodríguez e Iglesias (2014): bailar breaking requiere dedicación y disciplina, pues
combina ejercicios aeróbicos, gimnásticos y de expresión corporal muy complejos.

Dentro del hip-hop se cultivan valores y una ética mediante pedagogías artísticas que refuerzan
la colaboración, la creatividad, la comprensión y la expresividad (Rodríguez & Iglesias, 2014).
Estos valores fortalecen la identidad individual y colectiva de sus participantes, quienes, al
comunicarse con su entorno e involucrarse en las prácticas cotidianas de la cultura, generan un
sentido de pertenencia.

Estas prácticas socio-educativas se manifiestan con frecuencia en el rap, género que se ha convertido en la forma más directa para que los artistas denuncien y critiquen las problemáticas que aquejan a sus comunidades. Los talleres de rap dictados por Hanna Hassen abrieron las puertas a los asistentes para desarrollar su propio estilo y hablar de luchas sociales, desigualdades, periferias o amor. La versatilidad del rap hace de la lectura y la escritura herramientas indispensables para el MC, ampliando no solo su capacidad artística, sino también su lenguaje y versatilidad en ámbitos académicos, sociales y políticos.

El hip-hop busca, a través de sus componentes artísticos, llegar a una conciencia social y
una posición crítica del contexto —político o social— que permita la liberación y transformación
mediante letras, sonidos, movimientos o, en otras palabras, mediante la revolución del arte y la
poesía (RAP)

López & Muñoz (2020).

Finalmente, es necesario abordar la pedagogía desde la música y los sonidos. Así, los espacios dedicados al DJ, a cargo de Avil, permiten que los participantes, por medio de compases, tiempos y ritmo, desarrollen su escucha, necesaria para la creación de beats, scratch y todo tipo de ritmos que den versatilidad a sus creaciones. Desde esta ampliación de su capital cultural con referencia a la música, los artistas conocen otras culturas que tienen sus propias dinámicas y sonidos que pueden ser aprovechados por el DJ en la tarima o en sus procesos artísticos. Como se dijo anteriormente, el Hip-Hop busca educar a sus participantes de forma horizontal y a través de sus experiencias, lo cual incentiva la participación y la comunicación entre las personas que se involucran en la cultura. Aún queda mucho por producir y enseñar por medio del Hip-Hop; eso es claro. Sin embargo, estos espacios en los que se participó para adentrarnos mejor en las formas en que la cultura se desarrolla nos enseñan cómo la pedagogía es un elemento vital en la preservación de las prácticas artísticas que buscan formar valores y conocimientos necesarios para cambiar las sociedades en que vivimos. Así, el hip-hop continúa con su proceso como maestro para las zonas de la ciudad donde las desigualdades sociales y económicas son evidentes. Este maestro irrumpe con sus manifestaciones, y quienes desean ingresar en su aula deben acatar los compromisos para recibir la lección.

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