Cuando se contrata una empresa de recreación para una fiesta infantil, lo último que alguien espera es encontrarse con un payaso “más contento de lo normal”. Aunque, puede llegar a entenderse pues hacer reír es parte de su trabajo. No cualquiera se pone frente a decenas de personas, para animarlos, hacerlos jugar y mantener viva la energía de un evento entero.
La recreación, vista como un arte, mantiene una línea muy fina entre el juego y la comedia. Al final, todo gira alrededor de divertir. Muchos shows infantiles parecen más derivados de un stand up familiar que de simples dinámicas de fiesta. Chistes improvisados, personajes exagerados, energía constante y sonrisas que rara vez se apagan. La mayoría de eventos transcurren con total normalidad y nadie sospecha demasiado del payaso que desaparece varias veces al baño o del recreacionista que parece tener una energía imposible de sostener durante horas. Lo último que alguien imaginaría es que parte del espectáculo de pronto solo existe dentro de su cabeza.
Detrás de algunos casos aparece una realidad poco hablada, el consumo de sustancias dentro de ciertos sectores del entretenimiento y la recreación. Este tipo de sustancias afectan directamente la toma de decisiones y el estado emocional de quien las consume, haciéndolo sentir más sociable, más suelto y más seguro frente al público. No siempre se consumen únicamente para “recrear”, sino también como una forma de soportar el ritmo, la presión o incluso la propia vida fuera del escenario.
Al terminar el evento, después de entregar el material y apagar la música, algunos sienten que también merecen celebrar. Ahí empiezan las fiestas clandestinas, las noches largas y los picos artificiales de dopamina que tarde o temprano terminan chocando con el bajón emocional de volver al mundo real sin sustancias de por medio. Aunque probablemente sea una minoría dentro del mundo de la recreación, sigue siendo una historia que se repite en distintos contextos y profesiones.
Y quizás ahí está la verdadera paradoja: puede que el payaso que parece más feliz animando una fiesta infantil sea justamente quien más esté luchando en silencio. Porque a veces, detrás de la pintura, los chistes y la energía exagerada, también hay personas intentando escapar de algo que nadie en la fiesta alcanza a notar.
Felipe Valencia.